Hacer una ruta de 5 kilómetros con un niño autista: la mochila de supervivencia
Cada ruta que hemos hecho ha sido un aprendizaje para la siguiente. Y cuando digo aprendizaje, lo digo en todos los sentidos: conocemos sitios nuevos, disfrutamos de la naturaleza, descubrimos cosas que le encantan a Adrián… y también descubrimos todo lo que se nos ha olvidado meter en la mochila.
Porque una cosa es salir a caminar y otra muy distinta es salir de ruta con un niño autista que disfruta explorando el mundo a su manera.
Y claro, tú te imaginas un paseo tranquilo de cinco kilómetros, de esos que se hacen en una hora y media. Un poquito de naturaleza, aire fresco y a disfrutar.
¡JA! ¡JA! ¡JA!
El día que descubrimos que el barro limpia fatal las camisetas
En una de nuestras rutas nos acercamos a un lago. Había fango y, como era de esperar, a Adrián le pareció una oportunidad maravillosa para experimentar.
¡Venga, a jugar con el barro!
Hasta aquí, todo perfecto. Exploración sensorial, naturaleza y diversión.
El pequeño detalle llegó después: ¿dónde se limpió las manos?
Exacto. En la camiseta.
Y ahí estaba yo, mirando la escena y pensando: «Pues nada, hijo, hoy vamos a terminar la ruta con esta camiseta hecha un cuadro».
Porque, claro, ¿a quién se le ocurre llevar una camiseta de repuesto para un paseo de hora y media? Pues ahora ya sabemos a quién.
A nosotros. Nos lo tenemos que plantear nosotros.
Los charcos: esos enemigos que no aparecen en las previsiones
Otro día había llovido bastante. Salimos tan tranquilos, sin pensar demasiado en las consecuencias.
Pero resulta que el camino estaba lleno de charcos.
Y cuando digo lleno, quiero decir que había charcos que parecían estar puestos estratégicamente para que Adrián los encontrara todos.
Pie dentro del charco.
Zapatilla empapada.
Seguimos caminando.
Y entonces llega la pregunta que cambia el rumbo de cualquier excursión:
- ¿Hemos traído zapatillas de repuesto? No.
- ¿Calcetines secos? Tampoco.
- ¿Una solución mágica? De momento, no.
Y así es como una ruta de cinco kilómetros se convierte en una clase práctica de logística familiar.
La mochila de supervivencia: edición Adrián
Poco a poco, he ido aprendiendo que salir de ruta requiere algo más que coger las llaves, preparar agua y echar a andar.
Esta es mi lista de imprescindibles:
Agua y comida
- Varias botellas de agua, porque a Adrián le encanta beber agua.
- Comida que le guste y que podamos utilizar como reforzador positivo.
- Algún snack extra, por si la ruta se alarga o necesitamos hacer una parada.
Ropa de repuesto
- Camiseta.
- Pantalón.
- Varios pares de calcetines.
- Zapatillas de repuesto cuando el terreno lo requiera.
- Una bolsa impermeable para guardar la ropa mojada o llena de barro.
Comunicación y regulación
- Cascos antirruido.
- Comunicador bien cargado.
- Batería externa y cable.
- Algún objeto que le ayude a regularse, si lo necesita.
El kit de emergencia
- Toallitas húmedas.
- Pañuelos.
- Una toalla pequeña de microfibra.
- Bolsas para guardar cosas sucias o mojadas.
- Tiritas y un pequeño botiquín.
- Protector solar, gorra o chubasquero, según el tiempo.
Y, por supuesto, revisar la previsión meteorológica antes de salir. Porque la naturaleza es maravillosa, pero no siempre colabora con nuestros planes.
¿De verdad necesitamos todo esto para caminar cinco kilómetros?
A veces me hace gracia pensarlo. Hay personas que salen de casa con el móvil, las llaves y una botella de agua. Nosotros podemos acabar preparando una mochila que parece diseñada para cruzar los Pirineos.
Pero detrás de todo esto hay algo importante: queremos que Adrián disfrute de las mismas experiencias que cualquier otro niño, adaptando el entorno a sus necesidades.
No queremos evitar los charcos, el barro, los lagos o las experiencias nuevas simplemente porque puedan surgir imprevistos. Queremos que pueda explorar, experimentar y disfrutar. Y queremos hacerlo con cierta tranquilidad, sabiendo que, si termina con los pies empapados o las manos llenas de barro, tenemos una solución.
Porque la inclusión también consiste en esto: en preparar los apoyos que hacen posible participar.
No se trata de llevarlo todo ni de anticipar absolutamente cualquier situación. Se trata de ir aprendiendo, adaptar lo que haga falta y no renunciar a las experiencias por miedo a que algo salga mal.
Cada ruta nos enseña algo nuevo
Lo bonito es que, después de cada salida, nos llevamos algo más que kilómetros recorridos.
Nos llevamos aprendizajes, anécdotas y nuevas ideas para la siguiente aventura.
Y sí, probablemente algún día volveremos a olvidarnos de algo. Porque somos humanos y porque, por mucha experiencia que acumulemos, siempre aparece una situación que no habíamos previsto.
Pero ahí estaremos, aprendiendo sobre la marcha.
Eso sí, si alguien nos ve aparecer con una mochila enorme para hacer una ruta de cinco kilómetros, que no se asuste.
No estamos preparando una expedición al Everest.
Estamos saliendo a disfrutar de la naturaleza con Adrián.
Y por si acaso hay barro, charcos, hambre, sed o una camiseta que necesita jubilarse antes de tiempo…
¡Nosotros ya vamos preparados! O eso intentaremos. 😂
¿Vosotros qué lleváis en la mochila cuando salís de ruta con niños?
Se aceptan consejos, porque seguro que todavía nos queda mucho por aprender.
Quiénes estamos detrás
Una familia • Experiencia real, de familia a familia
Somos Manuel y Rocío, padres de un peque en el espectro del autismo. Rocío es psicóloga sanitaria en Psicología Arena y, a raíz de ser madre de un niño autista, se ha formado en neurodivergencia. El resto lo ponemos en familia calzándonos las botas: cada ficha nace de un paseo real que hemos hecho juntos. Compartimos lo que vivimos en cada salida para aportar tranquilidad, confort sensorial y pautas que de verdad ayuden a otras familias.